Masaje erótico paso a paso: qué hacen las manos y a qué velocidad

Buscas «masaje erótico» y te sale de todo menos lo que querías. Filosofía tántrica sobre la energía y la respiración, o una lista de aceites con enlace de compra. Nadie explica lo único que hace falta saber: qué hacen las manos. Dónde empiezan, cómo aprietan, a qué velocidad se mueven y en qué orden recorren un cuerpo.

Eso lo tienes aquí. Sin aura ni chakras, y sin convertirlo en una reseña de productos. Aceite hace falta, sí, y al final te decimos cuál. Pero el aceite no da el masaje.

Lo básico, si tienes prisa

  • Ve mucho más despacio de lo que te sale solo. Hay estudios que han medido la velocidad exacta a la que una caricia resulta más agradable y está entre 1 y 10 cm por segundo. Es lentísimo.
  • Manos calientes y aceite templado. Frío corta el momento en dos segundos.
  • No despegues las manos de la piel mientras te mueves de una zona a otra.
  • Empieza por la espalda, que es la zona sin carga, y tarda en llegar a cualquier otra parte.
  • El aceite se carga el látex. Si va a haber preservativo, el aceite no toca esa zona.

Lo que vas a encontrar

Los cinco minutos de antes

Un masaje se estropea antes de empezar, casi siempre por lo mismo: la habitación fría, las manos heladas, el aceite recién sacado del cajón y las uñas sin mirar.

  • La habitación, más caliente de lo normal. Quien recibe va a estar desnuda y quieta media hora. Sube dos grados sobre lo que a ti te parece cómodo.
  • Una toalla grande debajo y otra a mano. Los aceites manchan las sábanas delicadas y luego hay que lavarlas en frío.
  • El aceite, templado. Ten el bote un rato entre las manos, o calienta la cantidad que vas a usar frotándola en las palmas antes de tocar. Nunca lo viertas frío directamente sobre la piel.
  • Las uñas. Mírate las manos. Un borde astillado en la espalda se nota y saca a cualquiera del momento.
  • El móvil, fuera de la habitación. No en silencio: fuera.
  • Superficie firme. Un colchón blando se hunde y te obliga a hacer fuerza con los hombros. Encima de la cama con una manta doblada, o directamente en el suelo, se trabaja mucho mejor.

La luz, la música y el olor cuentan, y bastante, pero eso ya lo desarrollamos entero en cómo preparar el ambiente. Aquí vamos a las manos.

Con qué: aceite, vela o gel

Hay tres formatos y sirven para cosas distintas. La diferencia práctica está en cuánto resbalan, cuánto duran y si se pueden usar después para algo más.

Qué es Para qué va bien Lo que hay que saber
Aceite El clásico. Base grasa, mucho deslizamiento, aroma Masaje largo de cuerpo entero, sobre todo espalda y piernas Degrada el látex. Mancha tejidos delicados
Vela de masaje Una vela que al derretirse da un aceite templado Cuando quieres la sensación de calor y el gesto de servirlo Necesita unos 20 minutos encendida antes de empezar
Gel de masaje Textura sedosa, menos graso, algunos valen también como lubricante Cuando el masaje va a acabar en sexo y no te apetece cambiar de producto Fíjate en la ficha: solo algunos sirven para las dos cosas

La regla del látex, que es la importante

Cualquier producto con base de aceite degrada el látex y aumenta el riesgo de que un preservativo se rompa. Lo dice Planned Parenthood y lo pone en la ficha de cada aceite que vendemos.

En la práctica: si esa noche va a haber preservativo, el aceite se queda en la espalda, los brazos y las piernas, y no baja a los genitales. Para esa parte, un lubricante de base agua. Las diferencias entre bases están en la guía de lubricantes.

Dos cosas que se olvidan siempre

Prueba en el antebrazo. Un poco de producto en la cara interna del antebrazo, cinco minutos, y miras. Sirve para las alergias y también para calibrar el calor de los aceites con efecto calor, que no todo el mundo lo lleva igual.

El aceite de masaje no vale como lubricante. Aunque resbale y aunque huela bien. Hay un estudio de la Universidad de California, publicado en Obstetrics & Gynecology con 141 mujeres, en el que el 44 % de las que se aplicaban aceites por dentro dieron positivo en cándida, frente al 5 % de las que no. Los propios autores avisan de que es observacional y no prueba que el aceite sea la causa. Pero en ese mismo estudio los lubricantes comerciales pensados para uso interno no mostraron ese aumento, así que la elección es fácil.

Si lo que quieres es entender a fondo los productos con efecto calor, cuál pica más, cuál es el más suave y cuál se puede usar en qué zona, eso está desarrollado en la guía de lubricantes y aceites con efecto calor. Aquí seguimos con la técnica.

Las manos: cómo se toca

Aquí está todo. Un masaje con un aceite carísimo y unas manos con prisa es un masaje malo, y unas manos que saben lo que hacen funcionan hasta con aceite de almendras del supermercado.

La velocidad, donde falla casi todo el mundo

Esto tiene respuesta medida, y sorprende. En la piel hay unas fibras nerviosas llamadas aferentes C-táctiles que no sirven para detectar formas ni texturas: sirven para el placer del contacto. Y responden a una velocidad concreta.

Los estudios de microneurografía que las han mapeado describen una curva en U invertida: responden con más intensidad a un estímulo que se mueve entre 1 y 10 centímetros por segundo, y en los experimentos se usan 3 cm/s como velocidad de referencia. Más rápido que eso, la caricia se percibe como menos agradable. Más lento también.

Tres centímetros por segundo es mucho más despacio de lo que te sale solo. Para que te hagas una idea: recorrer una espalda de arriba abajo, unos 50 centímetros, debería llevarte quince o veinte segundos. Prueba a contarlos la primera vez. Casi todo el mundo lo hace en tres o cuatro.

Hay un detalle más de esos estudios que cambia cómo repartes el masaje: estas fibras están en la piel con vello y no se han encontrado nunca en la palma de las manos ni en las plantas de los pies. O sea que la espalda, los brazos, las piernas, el abdomen y la nuca responden a la caricia lenta de una forma que las palmas no. Ahí está el masaje. En las manos y los pies se trabaja con presión, no con caricia.

Las cuatro formas de tocar

Con estas cuatro tienes de sobra. No hace falta un cursillo.

  • Deslizamiento largo. La palma entera y plana, recorridos largos y continuos, sin levantar la mano. Es el 70 % de un masaje erótico y con lo que se empieza y se acaba cada zona.
  • Amasamiento. Coger un poco de músculo entre el pulgar y el resto de los dedos y soltarlo, como quien amasa pan pero suave. Para los hombros, el trapecio y los glúteos, que es donde se acumula la tensión.
  • Presión estática. El pulgar o el talón de la mano apoyado en un punto, sin moverse, contando hasta cinco. Sirve para los nudos de los hombros y a los lados de la columna, nunca encima.
  • Roce mínimo. Solo las yemas, con la mínima presión que puedas hacer, casi sin tocar. Es lo que pone la piel de gallina. Se usa poco y en el momento justo, y si abusas pierde el efecto.

Cuánta presión

La regla es sencilla: empieza con la mitad de la que crees que hace falta y sube si te la piden. Se puede subir en cualquier momento. Bajar, una vez que la otra persona se ha puesto tensa esperando el próximo apretón, ya no.

Y la presión cambia según la zona. Espalda y glúteos aguantan bastante. Nuca, cara interna de los muslos, abdomen y pecho, muy poca. En los costados casi nadie aguanta presión porque da cosquillas, así que ahí palma entera y firme, que las cosquillas vienen del roce ligero e inseguro.

No despegues las manos

Cuando terminas una pierna y vas a por la otra, no levantes las manos. Desliza una por la piel mientras la otra viaja. La continuidad hace que quien recibe deje de estar pendiente, y en cuanto deja de estar pendiente empieza a sentir.

Lo mismo con el aceite: échatelo en las manos, nunca directamente sobre la espalda, y aprovecha para calentarlo frotando las palmas mientras mantienes un antebrazo apoyado.

Tus manos también se cansan

Usa el peso del cuerpo, no la fuerza de los brazos. Colócate de manera que puedas inclinarte hacia delante y dejar caer el peso sobre las palmas, con los brazos casi rectos. Si aprietas con los bíceps, a los diez minutos estás agotada y se te nota en el ritmo.

El recorrido, en orden

El orden importa porque va de menos a más carga. Empezar por donde no hay expectativa permite que la haya después.

1. Espalda y hombros · unos 10 minutos

Boca abajo, brazos a los lados o bajo la frente. Empieza con las dos palmas apoyadas en la parte baja de la espalda y quédate ahí unos segundos sin hacer nada. Ese primer contacto quieto avisa al cuerpo de que va a empezar y baja la guardia.

Después, deslizamientos largos de abajo arriba, subiendo por los dos lados de la columna y volviendo por los costados. Nunca presión directa sobre las vértebras. Repite el mismo recorrido muchas más veces de las que te parecen necesarias: cinco o seis pasadas idénticas antes de cambiar de cosa.

Cuando llegues a los hombros, cambia a amasamiento. Ahí es donde vas a encontrar el músculo duro, y donde un minuto extra se agradece más que en ninguna otra parte.

2. Brazos, manos y nuca

Un brazo entero, del hombro a los dedos, con las dos manos rodeándolo. En la mano, presión con el pulgar en la palma, dedo a dedo. Es de las zonas que más sorprenden porque nadie se espera que le masajeen las manos.

La nuca y el nacimiento del pelo, con las yemas y muy poca presión. Ahí la piel es fina y responde a la caricia lenta como pocos sitios del cuerpo.

3. Piernas y pies

De los tobillos hacia arriba, siempre en esa dirección. Gemelos con amasamiento, muslos con palma entera. En la cara interna del muslo, baja mucho la presión y ve despacio: es zona de paso hacia otra cosa y conviene tratarla como zona de paso, no como atajo.

Los pies aguantan presión fuerte con el pulgar en el arco. A quien le hagan cosquillas, sujétale el pie con firmeza con una mano mientras trabajas con la otra, que el agarre firme las quita.

4. Dar la vuelta: pecho, abdomen e ingles

Aquí cambia el ambiente, porque quien recibe pasa a estar de frente y expuesta. Empieza otra vez por lo neutro: hombros y clavículas, brazos, costados.

El abdomen quiere círculos amplios, muy suaves y en el sentido de las agujas del reloj. El pecho, palma abierta y sin ir directa a los pezones; si vas a por ahí, que sea después de haber pasado tres o cuatro veces por alrededor. Hay un artículo entero sobre estimulación de pezones si quieres profundizar.

Las ingles y la cara interna de los muslos son el punto donde el masaje ya está diciendo algo. Pasa por ahí, sigue de largo, vuelve a los pies, y sube otra vez. Ese ir y venir sin llegar es exactamente lo que hace que funcione.

La regla de no ir al destino

Un masaje erótico deja de serlo en el momento en que se convierte en el trámite previo a otra cosa. Se nota, se nota mucho, y lo desactiva entero.

Cuenta con cuarenta minutos. Si no piensas llegar a los genitales hasta el minuto treinta, quien recibe lo percibe en el ritmo de tus manos y se suelta. Si tienes prisa, se le nota igual desde el minuto dos. En el mapa de zonas erógenas tienes por dónde más merece la pena entretenerse.

Cuándo deja de ser un masaje

Llega un punto en el que hay que decidir si esto sigue siendo un masaje o pasa a ser sexo. Y ese punto se decide entre dos personas, no en la cabeza de la que está masajeando.

La forma más fácil de resolverlo es acordarlo antes, con una frase corta y sin solemnidad. Algo así:

«Te hago un masaje largo. Si en algún momento quieres que vaya a más, me lo dices tú. Y si te quedas dormida, también vale.»

Con eso quitas la incógnita de en medio y las dos podéis dejar de calcular. Quien recibe se relaja porque sabe que nadie le va a pedir nada, y quien da deja de estar interpretando señales. Sobre cómo se abren estas conversaciones sin que se hagan raras, tenemos una guía entera.

Y si el masaje se queda en masaje, no ha fallado nada. Un cuerpo que se ha relajado durante cuarenta minutos con alguien que le presta atención es exactamente lo que hace que haya ganas al día siguiente. Esa es la parte que el juego previo hace mejor que ninguna otra cosa.

Los errores que lo estropean

Error Qué pasa
Ir demasiado rápido El más común de todos, y el que más se nota. Cuenta los segundos que tardas en recorrer una espalda: si son menos de diez, vas al doble de velocidad de la que hace falta.
Cambiar de zona cada treinta segundos La repetición es la que relaja. Cambiar todo el rato mantiene al cuerpo alerta esperando lo siguiente.
Echar el aceite directamente sobre la piel Frío y de golpe. Siempre en tus manos primero.
Quedarse corta de aceite Sin suficiente producto la mano se engancha y tira de la piel. Repón sin miedo cuando notes fricción.
Hablar Preguntar «¿así?» cada dos minutos obliga a la otra persona a volver a la cabeza. Pregunta una vez al principio y calla.
Presión sobre la columna A los lados sí, encima de las vértebras no. Nunca.
Cosquillas Vienen del roce ligero e inseguro. La solución es más presión y contacto de palma entera, no menos.
Ir directa a los genitales Convierte los treinta minutos anteriores en un trámite y se nota desde el principio.

Si la que recibe eres tú

Casi todo lo que se escribe sobre masaje va dirigido a quien lo da. Y recibir bien también se aprende, porque hay gente que no se entera de nada por estar pendiente de cómo lo está haciendo el otro.

  • Habla al principio y luego cállate. Di dónde tienes cargada la espalda y cuánta presión te gusta, y a partir de ahí solo si algo molesta.
  • No des las gracias cada dos minutos. Suena a educación y rompe el ritmo. Un sonido basta.
  • Deja el brazo muerto. Si cuando te levantan un brazo tú lo sostienes, estás trabajando. Suéltalo del todo, aunque al principio te cueste.
  • Respira por la nariz, largo. Es lo que baja el pulso, y con el pulso baja la tensión del músculo.
  • Si quieres que vaya a más, dilo. Esperar a que lo adivine es la forma más segura de acabar frustrada y de que la otra persona no sepa qué ha hecho mal.

Qué necesitas, por orden

Con un producto de 8 a 22 € y dos toallas ya tienes todo. Ordenado por lo que más cambia el resultado.

Prioridad Qué Por qué
1. Lo primero Un aceite. El Hot Oil trae 100 ml por 17 €, con efecto calor que se intensifica al soplar, y es comestible 100 ml dan para muchas sesiones y es lo que más rinde por euro.
2. Si quieres el gesto Una vela de masaje Shunga, 30 ml por 8 €, o la grande por 23 € Se derrite en unos 20 minutos a temperatura templada y da un aceite cálido. El acto de servirlo forma parte del masaje.
3. Si va a acabar en sexo El gel de masaje Slow Sex, 50 ml por 22 €, que sirve de masaje y de lubricante Evita tener que cambiar de producto a mitad, que es donde se rompe el ambiente.
4. Para variar La colección entera de aceites y velas de masaje, y los geles y cremas sensoriales Cambiar de aroma cambia bastante más la experiencia de lo que parece.
5. Gratis Dos toallas y el móvil fuera Lo que más veces salva un masaje y no cuesta nada.

Si buscas específicamente calor, pica o frío, la comparativa producto a producto está en la guía de efecto calor. Y si el masaje va a incluir juguetes, recuerda lavarlos después: el aceite se queda en los materiales porosos y ahí no lo saca nadie, como contamos en cómo limpiar juguetes sexuales.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiene que durar un masaje erótico?

Cuarenta minutos es una buena referencia, y treinta es el mínimo para que dé tiempo a que el cuerpo se suelte. En menos de veinte no se llega a relajar y se convierte en un trámite previo, que es justo lo que hay que evitar.

¿A qué velocidad hay que mover las manos?

Entre 1 y 10 centímetros por segundo, y en los estudios se usan 3 cm/s como referencia. Traducido: recorrer una espalda de arriba abajo debería llevarte quince o veinte segundos. Casi todo el mundo lo hace en tres o cuatro, que es demasiado rápido para las fibras nerviosas que registran el placer del contacto.

¿Puedo usar aceite de cocina o crema hidratante?

El aceite de coco o de almendras dulces sirve para un masaje de espalda si no tienes otra cosa, pero degrada el látex igual que cualquier aceite, y los aceites aplicados por dentro se han asociado con más infecciones por cándida. La crema hidratante se absorbe demasiado rápido y a los dos minutos estás tirando de la piel en vez de deslizándote sobre ella.

¿El aceite de masaje vale como lubricante?

No, salvo que la ficha del producto lo diga expresamente. Son productos con pruebas distintas detrás, los aceites aplicados por dentro se han asociado con más infecciones por cándida, y además se carga el preservativo. Si va a haber penetración, un lubricante específico.

¿Las velas de masaje queman?

No. Se derriten a una temperatura templada, bastante por debajo de la de una vela normal. Aun así, prueba siempre una gota en el antebrazo antes de verter sobre el cuerpo, y viértela desde cerca en lugar de desde arriba.

¿Por dónde empiezo si es la primera vez?

Por la espalda, boca abajo, con las dos palmas apoyadas en la zona lumbar y unos segundos sin moverte. Después, deslizamientos largos de abajo arriba repitiendo el mismo recorrido cinco o seis veces antes de cambiar de zona. Con eso solo ya tienes diez minutos de masaje decente.

Me da vergüenza no hacerlo bien

Se nota mucho menos de lo que crees, porque quien recibe tiene los ojos cerrados y no está evaluando la técnica. Lo único que se percibe con claridad es la prisa. Ve lento, repite, mantén las manos en contacto con la piel y no hará falta nada más.

¿Y si me hace cosquillas?

Las cosquillas vienen del roce ligero e inseguro, así que la solución es al revés de lo que parece: más presión y palma entera en lugar de yemas. En los pies, sujetar el pie con firmeza con la otra mano también las quita.

¿Se puede dar un masaje erótico a un hombre?

Igual, con el mismo recorrido y las mismas reglas. La única diferencia práctica es que suele aguantar más presión en espalda y piernas. Si queréis llevarlo a la estimulación de próstata, eso tiene su propia guía.

¿Mancha las sábanas?

Los aceites pueden marcar los tejidos delicados. Pon una toalla grande debajo, y si algo cae en la sábana, aclárala en frío antes de meterla en la lavadora.

¿Sirve de algo si estamos cansados o llevamos años juntos?

Es precisamente cuando más sirve, porque no exige rendimiento de nadie. Media hora de contacto sin que nadie tenga que demostrar nada suele notarse al día siguiente, y no depende de tener una noche especial.

Para terminar

Casi todo lo que se lee sobre masaje erótico habla de energía y de aromas. Lo que de verdad cambia el resultado es más aburrido y más útil: la habitación caliente, el aceite templado, las manos que no se despegan y la paciencia de ir a tres centímetros por segundo cuando el cuerpo te pide ir a diez.

Si vas a empezar, con un aceite o una vela de masaje tienes de sobra. En Los Placeres de Lola llevamos desde 2005 en esto, con envío discreto sin logotipos ni referencias en el paquete: 3,99 € a España peninsular y Baleares, y gratis a partir de 60 €.

Y si tienes una duda concreta, escríbenos. Contestamos nosotras.

Escrito por Lola. La velocidad óptima de la caricia está tomada de la investigación sobre fibras C-táctiles publicada en PLOS ONE. La incompatibilidad entre aceites y látex, de Planned Parenthood y de las fichas de los propios fabricantes.

Regresar al blog

Deja un comentario