Ducha anal: cuándo hace falta, cómo se hace y qué pasa si te manchas

«Ducha anal». Son las doce de la noche, lo acabas de buscar en el móvil y lo que sale es un desastre: foros, tiendas de poppers y guías escritas todas para el mismo público. En español, prácticamente todo lo que existe sobre esto está pensado para hombres que tienen sexo con hombres. Está muy bien que exista. Pero si eres una mujer con curiosidad y con miedo a mancharte, ninguna de esas páginas te está hablando a ti.

Esta guía sí. Con lo que dice la evidencia, con lo que todavía no se sabe, y sin el discurso del «lávate a fondo» que ha convertido algo sencillo en una obsesión que estropea la experiencia y encima hace daño.

Lo básico, si tienes prisa

  • El recto suele estar vacío. Las heces se guardan más arriba. Si has ido al baño y estás bien de tripa, lo normal es que no haya nada que limpiar.
  • La ducha anal es opcional. Ninguna guía médica la pide, y hacerla a diario irrita la mucosa y arrastra la flora que te protege.
  • Si la haces: suero fisiológico templado, poca cantidad, dos o tres aclarados y una hora antes.
  • Nunca jabón, gel de ducha, agua oxigenada, alcohol, aceites ni la alcachofa de la ducha.
  • Lo que sí es obligatorio: lubricante, porque el ano no fabrica el suyo, y que cualquier juguete lleve base ancha o tope.
  • Y si te manchas: suele ser un resto mínimo, se limpia con una toallita y se sigue. Lo vemos abajo.

Lo que vas a encontrar

El recto suele estar vacío

Casi todo el miedo sale de una idea equivocada sobre cómo funciona tu propio cuerpo. La mayoría de la gente se imagina el recto como un tubo lleno, esperando, y no funciona así.

El Manual Merck lo resume en una frase: «normalmente el recto está vacío, porque las heces se almacenan más arriba, en el colon descendente». Solo cuando esa parte de arriba se llena baja contenido al recto, y eso es exactamente lo que notas como ganas de ir al baño.

Si acabas de ir al baño y te encuentras bien, lo más probable es que no haya nada que limpiar, porque esa zona está vacía la mayor parte del día. Y si tienes ganas, ese no es el momento: tener ganas significa que hay contenido bajando, y ahí no hay lavado que valga. Hay que esperar.

Sobre los músculos hay otro detalle que explica muchas primeras veces malas. Ahí abajo tienes dos esfínteres, y la Cleveland Clinic los describe así: el de dentro «es involuntario, fuera de tu control», y el de fuera «está bajo control voluntario». Uno lo aprietas y lo sueltas cuando quieres. El otro va por libre y solo responde a que el cuerpo se relaje. Por eso «relájate» suena a consejo cursi y en realidad describe el mecanismo tal cual. Empujar contra un músculo que sigue cerrado acaba en dolor y en pequeñas heridas.

Si esta parte te interesa, la contamos entera en qué se siente con el sexo anal.

¿Hace falta hacerse una ducha anal?

No. No es obligatoria y ninguna guía médica la recomienda como norma.

La Cleveland Clinic lo dice sin rodeos: «no tienes que limpiarlo todo por dentro». Y añade que los médicos desaconsejan las duchas y los enemas frecuentes porque adelgazan el tejido del interior del ano, un tejido que ya de por sí es «fino y delicado, lo que hace más fácil que se desgarre o sangre».

Hay además una cifra que hay que conocer antes de convertir esto en rutina. Un metaanálisis publicado en Sexually Transmitted Infections, que revisó 28 estudios con 21.570 participantes y analizó conjuntamente 24 de ellos, encontró que quienes se hacían duchas rectales tenían casi el triple de probabilidad de infección por VIH y más del doble de otras ITS. Los autores apuntan a tres motivos: el daño en la mucosa, la pérdida de las bacterias protectoras que viven ahí y el hecho de compartir el aparato.

Las cifras exactas, por si quieres comprobarlas: odds ratio de 2,8 para el VIH (IC 95 % 2,32-3,39) y de 2,46 para otras ITS.

La letra pequeña también toca decirla: esos estudios se hicieron con hombres, no con mujeres, y son observacionales, así que enseñan que las dos cosas aparecen juntas y no que una cause la otra. Lo que sí vale para cualquiera son los mecanismos que proponen: irritar la mucosa y arrastrar la flora.

Una ducha ocasional y bien hecha no hace daño. Hacerla a diario, a lo bruto y con jabón, sí.

Puede compensar si… Mejor no, o consulta antes, si…
Vas a tener una sesión larga o con penetración profunda Tienes diarrea o el estómago revuelto ese día
Te frena la cabeza y sin quitarte eso de encima no te vas a soltar Tienes hemorroides, una fisura o cualquier herida en la zona
Vas a usar juguetes que entran varios centímetros Tienes infecciones urinarias o vaginales de repetición
Es algo puntual y no una rutina de todos los días Estás embarazada, en tratamiento digestivo o con enfermedad inflamatoria intestinal

La cabeza cuenta, y mucho. Si saber que te has aclarado es lo que te va a permitir relajarte, y relajarse aquí es medio camino, hacerla de vez en cuando tiene todo el sentido. Lo que no compensa es la rutina obsesiva.

Si solo vas a comprar una cosa, que sea el lubricante

La ducha es opcional. Sin lubricante, en cambio, no vas a ninguna parte, porque el ano no produce el suyo. Un lubricante anal es más denso y aguanta mucho más que uno vaginal. Con eso y con paciencia ya tienes lo necesario para una primera vez decente.

Cómo se hace, paso a paso

Si decides hacerla, hay bastante diferencia entre hacerla bien y hacerla de cualquier manera. Lo que sigue se apoya en las recomendaciones de reducción de daños de la San Francisco AIDS Foundation, que es de lo poco serio que hay publicado sobre esto.

1. Mejor suero fisiológico que agua del grifo

Lo ideal es suero fisiológico, que lo tienes en cualquier farmacia por poco dinero. Se parece mucho más a lo que tu cuerpo ya lleva dentro. También puedes prepararlo en casa con media cucharadita de sal en un vaso de agua.

El agua del grifo vale de forma puntual, pero no como rutina: usada a menudo, el agua sin sales puede alterarte el equilibrio de electrolitos. Si lo haces muy de vez en cuando no pasa nada. Si lo haces a menudo, cámbiate al suero.

2. Más fresca de lo que crees

Este es el punto que más gente se salta y el que provoca las quemaduras. La mucosa intestinal es bastante más sensible al calor que la piel de tus manos, así que si el agua te resulta agradable al tacto, para dentro ya va demasiado caliente y puedes quemarte sin enterarte hasta después.

Pruébala con la mano y luego bájale la temperatura otra vez. Templada tirando a fresca. Fría del todo tampoco, que da calambres.

3. Con muy poca agua basta

La idea de llenar y vaciar es justo la equivocada. Con poca agua basta y hay que ir poco adentro. La Cleveland Clinic habla de meter agua templada «una o dos pulgadas hacia dentro», que son entre dos y cinco centímetros. Nada de lavados profundos. Se trata de aclarar el tramo final y poco más.

Y hazlo con el aparato adecuado. La ducha anal que vendemos nosotras es de goma, con boquilla fina y pera flexible, y tiene 240 ml de capacidad, de sobra para los dos o tres aclarados. Cuesta 9,50 €, bastante menos de lo que puede costarte improvisar con la alcachofa de la ducha.

4. Lubrica la cánula, siempre

La cánula sin lubricar es de las formas más fáciles de hacerte microdesgarros. Lubrica siempre la punta con lubricante de base agua e introdúcela despacio, sin forzar nada. Un desgarro ahí duele, pero sobre todo abre una puerta de entrada a infecciones antes de tener sexo, que es lo contrario de lo que buscabas.

5. Dos o tres aclarados y para

Introduce el agua sin presión, aguanta unos segundos, expúlsala en el váter y repite. Con dos o tres veces suele valer.

Ojo con el error más habitual: no persigas el agua cristalina. Que salga con algún resto no significa que aquello no esté limpio, significa que estás llegando a zonas que no hacía falta tocar. Cuanto más insistes, más irritas y más arriba subes el contenido, que luego baja cuando no toca.

6. Deja pasar una hora

Después de la ducha queda agua dentro aunque no la notes, y sale sola con el tiempo. Por eso mejor dejar pasar cerca de una hora entre la ducha y el sexo. Si vas directa del baño a la cama, ese agua residual va a aparecer en el peor momento, encima habiendo hecho todo bien.

Aprovecha el rato: dúchate normal, ponte cómoda, bebe algo. Llegar sin prisa relaja, y ya sabes lo que hace el músculo de dentro cuando estás relajada.

7. Cuanto menos, mejor

Como mucho una vez al día, y a poder ser no más de dos o tres días por semana. Por encima de eso empiezan los problemas.

La ducha anal no se comparte. Ni con tu pareja ni con nadie. Cada persona la suya. Compartir el aparato es uno de los tres mecanismos de transmisión que señalaban los investigadores.

Lo que no hay que meter ahí

Qué Por qué no
Jabón, gel de ducha, champú La mucosa no es piel. Los tensioactivos y los perfumes la irritan, la resecan y la dejan más frágil justo antes de la penetración.
Agua oxigenada, alcohol, lejía Queman el tejido.
Aceites y cremas No se aclaran, se quedan dentro y encima degradan el látex de los preservativos.
Laxantes o enemas de farmacia como rutina Irritan la pared intestinal y dan retortijones. Son para un uso médico puntual, y una noche de sexo no lo es.
La alcachofa de la ducha directamente Ni controlas la presión ni el agua está a la temperatura que crees. Es la forma más rápida de hacerte daño.
Café, infusiones, vino o cualquier ocurrencia de internet El intestino absorbe. Lo que metes ahí pasa a la sangre mucho más rápido de lo que imaginas.

Lo que basta la mayoría de las veces

Casi nunca hace falta más que esto.

Las 24 horas de antes

  • Come lo que sabes que te sienta bien. No hace falta dieta ninguna: si las legumbres, el picante o el exceso de café te revuelven, pues ese no es el día. Lo que buscas son heces formadas, ni duras ni sueltas.
  • Fibra y agua, que ayudan a que todo salga completo y sin esfuerzo. Esa es la mejor limpieza que hay.
  • Ojo con el alcohol de más, que además relaja menos y te altera el tránsito.

Las dos horas de antes

  • Ve al baño y dale tiempo. Sin prisa y sin empujar. Si sale completo, tienes el noventa por ciento del trabajo hecho.
  • Ducha normal. Agua tibia y jabón suave por fuera, con el dedo. Por fuera es por fuera: esa zona se lava como cualquier otra parte del cuerpo.
  • Sécate bien, que la humedad ahí escuece con la fricción.

Los trucos pequeños que quitan el miedo

  • Pon una toalla oscura debajo. Parece una tontería: saber que está ahí quita la mitad del agobio, y el agobio te tensa el músculo.
  • Guantes de nitrilo si vais a usar dedos. Son cómodos, se compran en cualquier farmacia y resuelven de golpe el tema de las uñas y la limpieza.
  • Luz baja. Así dejas de estar pendiente de mirar.
  • El baño cerca. Saber que lo tienes a tres pasos quita presión.
  • Toallitas sin perfume a mano, para quedarte tranquila después.

¿Y si me mancho?

Puede pasar. Y decirlo en voz alta ayuda, porque el silencio lo agranda.

Es poco frecuente si has esperado el momento adecuado, y cuando pasa suele ser un resto mínimo, mucho menos aparatoso de lo que imaginas. Se limpia con una toallita y se sigue. Nadie se muere de vergüenza por esto. Si pasa, dura tres segundos: se limpia y se sigue.

Que se quede en tres segundos incómodos o acabe con la noche depende de una cosa: de haberlo hablado antes. No de lo limpia que vayas. Y hablarlo antes no necesita ninguna conversación profunda. Necesita una frase, dicha con naturalidad, en un momento en que no estéis ya desnudos:

«Me apetece probar, pero me da corte que se manche algo. Pongo una toalla y si pasa, pasa, ¿vale?»

Ya has convertido tu miedo en un plan compartido. Y lo normal es que te conteste «claro, no pasa nada», que es lo que querías escuchar.

Si llega a pasar: tú al baño, la otra persona a lavarse, la toalla a la lavadora, y se sigue o no se sigue según cómo estéis. Lo único que no ayuda es la disculpa larga, porque cuanto más te disculpas más grande lo haces.

Y hay una trampa: quien llega obsesionada con la limpieza llega tensa, se lava de más y acaba con la mucosa irritada. Que duele más. Cómo se trabaja esto en pareja lo contamos en placer anal en pareja.

Las cuatro cosas que no se pueden saltar

La higiene te la puedes saltar. Esto no.

1. Lubricante, y mucho

Planned Parenthood lo resume así: «el ano no produce suficiente lubricación para un sexo anal cómodo». La Cleveland Clinic va más directa todavía: «tu ano no fabrica su propio lubricante».

Sin él tienes fricción sobre un tejido fino, y de esa fricción salen las microheridas que duelen y que abren la puerta a infecciones. Hace falta bastante más lubricante del que uno pone, y hay que reponer durante, no solo al principio.

  • Base agua. Compatible con todo, juguetes de silicona incluidos, y fácil de limpiar. Se absorbe antes, así que toca reaplicar. Si dudas, tira de este.
  • Base silicona. Dura mucho más y resbala mejor, ideal para anal. Eso sí, no lo uses con juguetes de silicona, porque puede degradarlos. Con cristal, metal o ABS va perfecto.
  • Aceite, vaselina, aceite de coco. Nunca con preservativo. Degradan el látex y aumentan el riesgo de rotura.

En la tienda tenemos lubricantes anales específicos, más densos y con más aguante que uno vaginal. Si quieres entender bien las diferencias entre bases, está todo en la guía completa de lubricantes.

2. Base ancha o tope, siempre

El recto no tiene fondo, se continúa hacia dentro. Y el músculo interno, que va por libre, puede tirar de un objeto hacia arriba. Así que todo lo que entre por ahí tiene que llevar una base ancha, un tope o una anilla que impida que se vaya dentro.

Un vibrador vaginal sin base, una botella, una fruta o cualquier improvisación son la causa habitual de una visita a urgencias que no le apetece a nadie. Los plugs anales y los juguetes anales están diseñados con esa base.

3. Del ano a la vagina, nunca sin cambiar

Las bacterias que viven en el intestino son normales ahí y problemáticas en la vagina y en la uretra. De ahí salen muchas cistitis y muchas infecciones vaginales.

La norma es sencilla: si algo ha estado en el ano, no pasa a la vagina sin cambiar el preservativo o sin un lavado a fondo. Lo más práctico es no cambiar de zona en la misma sesión, o tener un juguete distinto para cada una. Cómo lavarlos según el material está en cómo limpiar juguetes sexuales.

4. Preservativo

La mucosa rectal es fina y se lesiona con facilidad, y por eso Planned Parenthood recomienda usar preservativo en el sexo anal para reducir el riesgo de ITS. El preservativo corta esa vía. Con los juguetes vale lo mismo: si los compartís, preservativo y se cambia al cambiar de persona.

Qué es normal después y qué no

Esta es la parte de los sustos de las dos de la mañana con el móvil en la mano.

Qué es Qué hacer
Normal Sensación rara o de plenitud un rato. Ganas de ir al baño sin que salga nada. Molestia leve unas horas. Manchas pequeñas de sangre, sobre todo si es tu primera vez. Nada. Se pasa solo.
A vigilar Escozor al ir al baño durante uno o dos días. Sensación de irritación. Agua, fibra, no aguantarse las ganas y descanso de la zona hasta que remita.
Al médico Dolor punzante al defecar, ardor durante horas y sangre roja viva. Es el cuadro típico de una fisura anal. Cuidados en casa y, si empeora o no mejora en 7 días, al médico.
Ya Sangrado abundante, o sangre una hora o más después del sexo. Dolor intenso que no cede. Fiebre. Urgencias, sin esperar a mañana.

La fisura anal es, según el servicio de salud británico, «un pequeño desgarro en el ano que causa dolor al defecar». Sus recomendaciones de cuidado: paracetamol o ibuprofeno para el dolor, beber líquidos y comer fibra para ablandar las heces, baños de asiento con agua templada después de ir al baño, mantener la zona limpia y seca, y no aguantarse las ganas. Si empeora o no mejora en una semana de cuidados en casa, al médico de cabecera.

Sobre el sangrado, la Cleveland Clinic marca la frontera con claridad: «manchas pequeñas de sangre son normales, sobre todo si es tu primera vez», pero «si el sangrado es abundante, o aparece una hora o más después del sexo, deberías ver a tu médico».

Esto es información general, no una consulta médica. Si tienes hemorroides, fisuras, enfermedad inflamatoria intestinal, infecciones de repetición o cualquier duda sobre tu caso, pregúntale a tu médica o a tu farmacéutica antes que a internet. Nosotras incluidas.

Qué comprar, por orden

Ordenado por importancia real. El interés comercial va aparte.

Prioridad Qué Por qué
1. Imprescindible Lubricante anal, como el OH! Holy Mary anal, o el Pjur Analyse Me Comfort Water si lo prefieres de base agua para usarlo con juguetes de silicona Sin esto, ni lo intentes. Es lo único que no se puede improvisar.
2. Si vas a usar juguete Un plug pequeño de silicona médica o el Intimen pequeño con ventosa, los dos con base ancha Con algo pequeño y con tope, la primera vez no duele.
3. Si quieres la ducha Una ducha anal y suero fisiológico de la farmacia Si vas a hacerlo, hazlo con el aparato adecuado y no con la alcachofa de la ducha.
4. Para después Limpiador de juguetes Los juguetes anales se lavan siempre, y con más razón si van a volver a usarse.
5. Si lo compartís Preservativos Resuelven en tres segundos el cambio de persona y el cambio de zona.

Para elegir bien la talla del plug antes de comprar nada, tienes la guía entera en plug anal: cómo elegir el tuyo y usarlo sin dolor. Y si lo que buscas es el paso a paso de la primera vez, está en sexo anal para principiantes.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio hacerse una ducha anal antes del sexo anal?

No, y ninguna guía médica la exige. El recto suele estar vacío porque las heces se almacenan más arriba, así que si has ido al baño y te encuentras bien, lo habitual es que no haya nada que limpiar. La ducha anal es opcional y, hecha a diario, adelgaza el tejido interno y arrastra la flora protectora.

¿Cuánto tiempo antes hay que hacer la ducha anal?

Alrededor de una hora. Después de la ducha queda agua dentro aunque no la notes, y necesita tiempo para salir sola. Si vas directa del baño a la cama, ese agua residual aparece en el peor momento.

¿Puedo usar agua del grifo para la ducha anal?

De forma puntual sí, aunque es mejor usar suero fisiológico, porque el uso repetido de agua sin sales puede alterar el equilibrio de electrolitos. Lo tienes en cualquier farmacia, o lo preparas con media cucharadita de sal en un vaso de agua. Y siempre templada tirando a fresca, que la mucosa intestinal se quema mucho antes que la piel.

¿Cada cuánto se puede hacer una ducha anal?

Como mucho una vez al día, y a poder ser no más de dos o tres días por semana. Un metaanálisis de 28 estudios con 21.570 participantes asoció las duchas rectales con casi el triple de probabilidad de infección por VIH y más del doble de otras ITS, por daño en la mucosa y pérdida de flora protectora. Eran estudios observacionales hechos con hombres que tienen sexo con hombres, así que el dato hay que leerlo con contexto, pero apunta en una dirección clara: cuanta menos frecuencia, mejor.

¿Puedo usar jabón o gel de ducha dentro?

No. La mucosa no es piel: los tensioactivos y los perfumes la irritan, la resecan y la dejan más frágil justo antes de la penetración. Por fuera, jabón suave y agua tibia. Por dentro, solo agua o suero fisiológico.

¿Se puede usar la alcachofa de la ducha en vez de una ducha anal?

Mejor no. Ni controlas la presión ni el agua está a la temperatura que crees, y esa combinación es la forma más rápida de hacerte daño. Un aparato específico con la cánula lubricada y poca cantidad de agua es mucho más seguro.

¿Qué pasa si al final me mancho?

Puede pasar, y suele ser un resto mínimo, mucho menos aparatoso de lo que imaginas. Se limpia con una toallita y se sigue. Lo que marca la diferencia es haberlo hablado antes con una frase sencilla y tener una toalla oscura debajo. Solo la disculpa larga lo convierte en un problema.

¿Es normal sangrar un poco después del sexo anal?

Manchas pequeñas de sangre pueden ser normales, sobre todo la primera vez. Lo que no lo es: un sangrado abundante, sangre que aparece una hora o más después, dolor intenso que no cede o fiebre. Eso es motivo de urgencias. Y si tienes dolor punzante al defecar con ardor durante horas y sangre roja viva, puede ser una fisura anal: cuidados en casa y, si no mejora en siete días, al médico.

¿Hace falta lubricante aunque me haya hecho la ducha?

Sí, y una cosa no tiene nada que ver con la otra. El ano no produce lubricación propia, así que sin lubricante tienes fricción sobre un tejido fino, y de ahí salen las microheridas. Es lo único obligatorio. La limpieza no.

¿Puedo compartir mi ducha anal con mi pareja?

No. Cada persona la suya. Compartir el aparato es uno de los mecanismos de transmisión de infecciones que señalan los investigadores, junto con el daño a la mucosa y la pérdida de flora protectora.

¿Sirve una ducha vaginal o una perilla de farmacia?

Una perilla o pera de goma puede servir si la cánula es lisa, corta y la lubricas bien. Lo que no compensa son los enemas de laxante como rutina: están pensados para un uso médico puntual, irritan la pared intestinal y dan retortijones. Y si tienes hemorroides, fisuras o cualquier herida en la zona, nada de duchas: consulta antes.

Para terminar

En Los Placeres de Lola llevamos desde 2005 acompañando a mujeres en esto, y la conversación sobre higiene anal es de las que más se repiten y de las que peor información tiene alrededor. Por eso este artículo lleva las fuentes puestas, para que puedas comprobar de dónde sale cada cosa.

Si vas a empezar, con un lubricante anal y algo de paciencia tienes de sobra. Lo demás puede esperar. Y si prefieres ir sobre seguro con un juguete, los plugs anales pequeños con base ancha son por donde se empieza. Envío discreto, sin logotipos ni referencias en el paquete: 3,99 € a España peninsular y Baleares, y gratis a partir de 60 €.

Si tienes una duda concreta que no te apetece buscar en Google, escríbenos. Contestamos nosotras.

Escrito por Lola. Fuentes consultadas: Manual Merck (anatomía del recto y el ano), Cleveland Clinic (seguridad en el sexo anal), Sexually Transmitted Infections a través de aidsmap (metaanálisis sobre duchas rectales e ITS), San Francisco AIDS Foundation (reducción de daños), NHS (fisura anal) y Planned Parenthood (lubricación y preservativos). Contenido informativo, no sustituye a una consulta médica.

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