La paja: las formas que existen, y qué cambia cada una

En este blog se ha escrito mucho sobre masturbación femenina y casi nada sobre la otra. Así que vamos con la otra, con su nombre y sin rodeos: la paja. Hacerse una paja, cascársela, machacársela, pelársela, meneársela. En casa de cada uno se llama de una manera y todas valen.

Cómo hacer una paja, en corto: con lubricante y la mano más floja de lo que crees, cambiando el agarre y el recorrido en vez de ir siempre al mismo ritmo, y parando una o dos veces antes de llegar. Eso convierte cinco minutos en media hora. Lo demás de este artículo es el detalle: las ocho formas que existen, lo que ayuda sin ser un juguete, lo que ayuda siéndolo, y cómo se le hace a otra persona, que no se hace igual y es donde más gente se equivoca.

En esta guía

Lo primero, porque casi nadie lo dice: la mano seca

A palo seco, con saliva como mucho. Y funciona, claro que funciona. Pero la fricción en seco obliga a apretar más para notar lo mismo, y apretar más es justo lo que convierte una paja en una carrera de cinco minutos.

Con lubricante cambian dos cosas concretas: puedes aflojar la mano sin dejar de notar nada, y puedes alargar el recorrido sin que la piel tire. Eso es lo que abre la puerta a todo lo demás que viene en este artículo.

Si vas a usar la mano y nada más, sirve cualquiera de base agua. Si además vas a meter un juguete de silicona por medio, tiene que ser de base agua obligatoriamente, porque el de silicona ataca la silicona. Está explicado con las compatibilidades enteras en la guía de lubricante y materiales, y los tipos que hay, en la guía de lubricantes.

Dos que funcionan para esto: el Aquaglide de Joydivision, que es de base agua y el más sencillo de todos, y el Pjur Woman Nude, sin perfume ni sabor, para quien no quiere nada encima de la piel que huela. Los demás están en la colección de lubricantes.

Un apunte para evitar la decepción: el de base agua se seca antes, sobre todo si tienes la calefacción puesta. No hace falta volver a echar medio bote, con unas gotas de agua se reactiva.

Las ocho formas que existen

No son técnicas secretas, son variantes de dos cosas: dónde pones la mano y qué recorrido haces. Cambiar una sola de las dos ya da una sensación distinta.

1. El puño cerrado de toda la vida

Mano cerrada alrededor del tronco, arriba y abajo. Es la que hace todo el mundo y la que menos se piensa. Las tres variantes que casi nadie prueba: cambiar la mano que agarra, girar la muñeca un cuarto de vuelta en cada subida, y subir hasta cubrir el glande en lugar de parar debajo.

2. El agarre flojo, con lubricante

La misma mano, cerrada a la mitad de presión. Sin lubricante no se nota nada; con él, sí, y además se nota distinto: la sensación pasa del apretón al roce, y eso aguanta mucho más rato antes de pasar al punto de no retorno.

3. Solo el glande, con dos dedos

Pulgar e índice haciendo un círculo que rodea solo la cabeza, girando sobre el frenillo, que es la tira de piel de la cara de abajo. Es intenso y suele ser demasiado para mucha gente si se hace en seco o si se hace desde el principio. Funciona mejor como último tramo.

4. La palma abierta

Sin rodear nada: el pene apoyado contra la palma o contra el vientre, y la palma moviéndose encima. Quita el apretón de la ecuación entera. Es de las pocas formas que sirven también sin erección completa, y por eso es la que mejor funciona cuando llevas un rato y no hay prisa.

5. Las dos manos

Una abajo y otra arriba, girando en sentidos contrarios, o una en el tronco y otra en los testículos o en el perineo, que es la franja entre los testículos y el ano. La segunda mano casi nunca está haciendo nada y es donde está la mitad del mapa.

6. Sin manos

Contra el colchón, contra la almohada, contra el borde de la cama. Es la forma con la que mucha gente empezó de adolescente y la que luego se abandona. Tiene una pega conocida y es que la presión que da un colchón no la da ninguna persona, así que si es la única que usas, el salto al sexo con otro cuerpo se hace cuesta arriba.

7. En la ducha

Agua caliente, de pie, y sin el problema de limpiar después. El inconveniente es el de siempre: el agua se lleva el lubricante en dos segundos. Si quieres lubricante en la ducha, tiene que ser de silicona, y entonces no puede haber un juguete de silicona por medio.

8. Con juguete

Que es el apartado largo y va más abajo, porque no es una forma sino cinco.

El ritmo, y qué pasa si paras justo antes

Parar cuando estás a punto, esperar a que baje, y volver a empezar. Eso tiene nombre, se llama edging, y está contado entero en la guía de edging, que lo explica para cualquier cuerpo.

Lo que cambia al aplicarlo aquí: si la tuya dura lo que dura sin que te lo hayas planteado nunca, ahí está el margen. Dos o tres paradas convierten diez minutos en media hora, y el final se nota distinto porque llevas media hora de acumulación detrás.

Y hay un efecto secundario útil si eres de los que acaban antes de lo que querrían con otra persona: aprender a reconocer el punto exacto en el que ya no hay vuelta atrás se entrena a solas, no acompañado.

Lo que ayuda sin ser un juguete

Cuatro cosas, por orden de cuánto cambian el resultado.

  1. Lubricante. Ya está arriba, pero es el primero de la lista por mucho.
  2. Tiempo. Una paja de tres minutos y una de treinta no son la misma actividad. La segunda necesita que nadie vaya a entrar por la puerta, y eso se organiza antes, no sobre la marcha.
  3. Cambiar de escenario. Hacerlo siempre en el mismo sitio, en la misma postura y con el mismo material delante es la receta exacta para que deje de funcionar. La cama, el suelo, la ducha, de pie, tumbado boca abajo: cada postura cambia el ángulo y el ángulo cambia la sensación.
  4. Quitar la pantalla, al menos una vez. No por moralina. Porque el porno fija un ritmo y una intensidad externos, y cuando el ritmo lo marca otro, la paja se vuelve un trámite para llegar al final del vídeo. Hay un artículo entero sobre el tema, escrito desde el otro lado: cómo afecta el porno al deseo.

Lo que ayuda siendo un juguete, y qué hace cada uno

Aquí no hay una recomendación única porque los cinco tipos hacen cosas distintas. La guía general de todos ellos está en juguetes sexuales para hombre, y la lista entera en la colección para ellos.

La funda texturada, que es el manual de toda la vida

Un tubo de material blando con relieve por dentro. No tiene motor ni pilas: la presión y el ritmo los sigues poniendo tú, lo único que cambia es la textura. Es el primer paso lógico para quien nunca ha usado nada.

El más barato para probar son los huevos masturbadores, que son de un solo uso y los mandamos con la textura al azar entre las que haya de Tenga y de Satisfyer. Para algo que dure, el masturbador texturado de Jamyjob, que pesa 235 gramos y se lava entero debajo del grifo porque no lleva electrónica dentro.

Y si lo que cansa de un manual es que a la segunda semana ya sabes lo que viene, el Turbo tiene dos entradas con texturas distintas, una por cada extremo: le das la vuelta y es otro juguete. Los de entrada única y con tapa son el Pussy y el Booty.

El anillo vibrador, que no es para la mano

Se pone en la base y hace dos cosas: aprieta un poco la salida de sangre, con lo que la erección se nota más firme, y pone un motor vibrando ahí abajo. En solitario se nota sobre todo en el segundo efecto; en pareja, la gracia es que el motor queda apoyado contra el clítoris de quien esté delante.

Tenemos el Benedict, que es doble y además alcanza el perineo, y el Rowan, que es flexible y se adapta. Están los dos, con el resto, en la colección de anillos vibradores, y explicados uno a uno en la guía de anillos vibradores.

El automático, para cuando lo que quieres es no mover la mano

Los que llevan motor dentro y hacen el movimiento solos: succionan, giran, empujan o aprietan. Es el escalón grande, y elegir entre los cuatro mecanismos no se despacha en un párrafo: lo tiene entero la guía de masturbadores automáticos, con los trece que tenemos comparados uno a uno. La colección, en masturbadores.

El simulador de sexo oral

Es un automático con una intención concreta: reproducir la succión y la rotación de una boca. El que tenemos es el Spinjob, con rotación de 360 grados, tres velocidades y 8 centímetros de inserción.

Por detrás

La próstata es una glándula del tamaño de una nuez. Está a unos cinco centímetros de la entrada, hacia la pared de delante, la del lado del ombligo, y se nota como un bulto redondeado. Estimularla durante una paja cambia la sensación del orgasmo, y para muchos es la diferencia entre acabar y acabar en otra categoría. Lo tiene todo la guía de masaje prostático: por dónde se empieza, con qué dedo y con qué juguete.

Para empezar, un plug pequeño con vibración como el Petite Sensations; el resto, en prostáticos y anales. Aquí el lubricante pasa de recomendable a obligatorio, y de base agua si el juguete es de silicona.

Hacérsela a otra persona, que no se hace igual

El error típico cuando la mano es ajena: copiar lo que se ve en el porno, que es rápido, fuerte y sin lubricante. Lo que pasa a los dos minutos es que se te cansa la muñeca y a la otra persona le empieza a rozar.

Cuatro cosas que cambian el resultado:

  1. Lubricante, otra vez. Más todavía que a solas, porque tu mano no sabe cuánta presión está haciendo y la suya sí la nota.
  2. Pídele que te enseñe. Literalmente: que se la haga él delante de ti durante un minuto. En ese minuto ves el agarre, el recorrido y el ritmo que lleva veinte años funcionando, y te ahorras adivinar.
  3. La otra mano no se queda parada. Testículos, perineo, el interior de los muslos, los pezones. El mapa no se acaba en el pene, igual que no se acaba en el clítoris, y está dibujado en el mapa de zonas erógenas.
  4. Mirarse mientras. Hacerlo a la vez, cada uno a lo suyo, es de los planes que mejor funcionan cuando llevas tiempo con alguien, y está contado en masturbación en pareja.

Y si esto va a ser el principio de otra cosa y no el final, entra en terreno de juego previo.

Las dudas que se repiten

¿Demasiadas? No hay un número. El criterio tampoco es la cantidad. Lo que importa es si te está quitando tiempo, ganas o atención de otras cosas que querías hacer. Si la respuesta es que no, no hay nada que mirar.

El agarre de hierro. Años de la misma presión fuerte, siempre igual, y luego cuesta llegar con otro cuerpo, que nunca va a apretar tanto. La salida es la del apartado de arriba: aflojar la mano, poner lubricante y cambiar de forma. No es un diagnóstico médico y aquí no vamos a dar ninguno; si te preocupa, eso lo mira un urólogo o un sexólogo.

El semen. Color, cantidad, olor y qué significan los cambios: está en semen, mitos y verdades.

Limpiar después

Si ha habido juguete por medio, agua templada, jabón neutro y secarlo entero antes de guardarlo. Los manuales sin motor se meten bajo el grifo; los que llevan electrónica, solo la parte que el fabricante marque y nunca sumergiendo el cuerpo si no lo pone la caja. Hay un limpiador específico que evita tener que pensarlo.

El material manda más que el jabón, y está todo en la guía de limpieza por materiales.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto debería durar una paja?

Lo que quieras que dure. Si la tuya acaba en pocos minutos, mira la costumbre antes que el cuerpo: se empieza deprisa y a escondidas, y ese ritmo se queda. Con lubricante, aflojando la mano y parando dos veces antes de llegar, la misma paja pasa de cinco minutos a media hora.

¿Hace falta lubricante para hacerse una paja?

Hacer falta, no. Cambiar el resultado, mucho. En seco hay que apretar más para notar lo mismo, y apretar más acorta el recorrido y acelera el final. Si además hay un juguete por medio, deja de ser opcional, porque sin lubricante la funda tira de la piel en lugar de deslizar.

¿Masturbarse mucho tiene consecuencias?

No damos consejo médico y no vamos a empezar aquí. Lo que sí es nuestro terreno: si te está quitando tiempo, ganas o atención de cosas que querías hacer, eso es lo que merece una conversación, y la tiene un sexólogo o tu médico de cabecera, no un blog.

¿Qué juguete es el mejor para empezar?

Una funda texturada sin motor, que es la que menos cambia respecto a lo que ya haces: la presión y el ritmo los sigues poniendo tú. Los huevos masturbadores son de un solo uso y valen para saber si te gusta la idea antes de gastar en algo que dure.

¿Se puede usar lubricante en la ducha?

El de base agua se va con el agua en segundos. Para la ducha hay que usar uno de silicona, con una condición: el lubricante de silicona estropea los juguetes de silicona, así que o una cosa o la otra, nunca las dos a la vez.

¿Cómo se le hace una paja a otra persona sin que se canse la muñeca?

Lubricante, agarre más flojo del que crees, y cambiar de mano y de recorrido cada poco en vez de ir a ritmo fijo. Y antes de nada, pídele que se la haga delante de ti un minuto: ahí ves el agarre y el ritmo exactos y dejas de adivinar.

¿El edging sirve para durar más en pareja?

Sirve para reconocer el punto en el que ya no hay vuelta atrás, que es lo que hace falta para frenar a tiempo. Eso se entrena a solas, porque a solas puedes parar sin dar explicaciones. Luego se traslada.

¿Cómo se limpia un masturbador?

Agua templada, jabón neutro y seco entero antes de guardarlo. Los que no llevan motor van bajo el grifo sin más. Los que llevan electrónica, solo hasta donde diga su caja: el nivel de resistencia al agua viene marcado en la ficha de cada uno.

¿Los huevos masturbadores se reutilizan?

Están pensados para un uso. El material es ultraelástico y se estira mucho, y esa es justo la razón por la que no aguanta una segunda vez en condiciones.

Si lo que quieres es el escalón siguiente, el de los que se mueven solos, está en masturbador automático: succión, rotación o empuje. Y los de este artículo, los que no llevan motor, en la colección de masturbadores.

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