Fetiches sexuales: los más comunes, por qué excitan y cómo explorarlos sin miedo
Un fetiche es una excitación especial ligada a algo concreto (una parte del cuerpo, un material, un objeto o una dinámica), y tenerlo es mucho más común de lo que se confiesa. En una encuesta a 1.040 adultos de Quebec, el 44,5 % declaró interés por el fetichismo. Y solo se considera un trastorno cuando hace sufrir a quien lo tiene o implica a alguien que no ha dado su consentimiento.
Todos tenemos fantasías, algunas más «comunes» y otras que quizá nunca hemos contado. Entre ellas están los fetiches sexuales: gustos y excitaciones que giran en torno a objetos, partes del cuerpo, materiales o situaciones concretas.
En 30 segundos
- Un fetiche es que algo concreto (unos pies, el cuero, unas esposas) te excite de forma especial. No tiene por qué ser tu única fuente de excitación.
- Es frecuente: en la encuesta de Quebec, el 44,5 % declaró interés por el fetichismo y el 26,3 % lo había probado.
- El manual de diagnóstico de la psiquiatría estadounidense, el DSM-5, solo habla de trastorno si hay sufrimiento propio o falta de consentimiento.
- En un análisis de 381 foros de internet, los pies fueron el objetivo de fetiche más frecuente.
- Se prueba hablando antes, con límites claros y empezando por lo suave. Si te genera culpa o te limita, una sexóloga puede ayudarte a vivirlo en paz.
Lo que vas a encontrar
- Qué es un fetiche (y qué no)
- Cuántas personas tienen un fetiche
- Por qué excitan
- Los más comunes y cómo explorarlos
- Cómo hablarlo con tu pareja
- Con qué empezar
- Cuándo puede ser un problema
- Cuatro mitos que sobran
- Preguntas frecuentes
Qué es un fetiche sexual (y qué no)
Hablamos de fetiche cuando la excitación se engancha de forma especial a algo concreto:
- Una parte del cuerpo: los pies, los glúteos, el pelo, las axilas.
- Un material, como el cuero, el látex o la seda.
- Un objeto: unos zapatos, la lencería.
- Una práctica o una dinámica (atar, mandar, obedecer), que es el terreno del BDSM.
No quiere decir que sin eso no haya placer. Quiere decir que ese estímulo dispara una excitación más intensa o más rápida.
Tampoco es un trastorno por sí mismo. La Asociación Americana de Psiquiatría separa con claridad dos cosas: tener un interés sexual atípico y tener un trastorno. En el DSM-5 solo se diagnostica un trastorno parafílico si la persona sufre por ese interés (no por el rechazo social) o si implica a alguien que no ha dado su consentimiento. En sus propias palabras, «la mayoría de las personas con intereses sexuales atípicos no tienen un trastorno mental».
Cuántas personas tienen un fetiche
Muchas. En la encuesta poblacional de Christian Joyal y Julie Carpentier publicada en The Journal of Sex Research (2017, sobre 1.040 adultos de Quebec), el 45,6 % declaró interés por al menos una práctica considerada parafílica y el 33,9 % la había llevado a la práctica alguna vez. En el caso concreto del fetichismo, el 44,5 % declaró interés y el 26,3 %, experiencia.
¿Y cuál es el más frecuente? Un equipo de universidades italianas y suecas lo midió en 2007 (Scorolli y colaboradores, en el International Journal of Impotence Research) analizando 381 grupos de discusión en internet en los que participaban al menos 5.000 personas. Las preferencias por partes o rasgos del cuerpo y por objetos asociados al cuerpo fueron las más frecuentes (un 33 % y un 30 %), y los pies y los objetos relacionados con los pies fueron el objetivo más común. Con un matiz: los datos salen de foros de internet y no representan a toda la población.
¿Por qué excitan los fetiches?
No hay una respuesta única, y ninguna de las explicaciones está demostrada del todo. Estas son las pistas que se barajan:
- Las asociaciones tempranas. Si un estímulo (unos tacones, por ejemplo) coincide con la excitación en algún momento de la vida, puede quedar grabado como erótico.
- El refuerzo visual y táctil: el fetiche añade una textura, una imagen o un contexto que suben la excitación.
- Lo que simboliza. En muchos fetiches pesa tanto lo físico como lo que representa, como el poder o la entrega.
- La novedad. Lo inesperado, o lo que se vive como un poco prohibido, activa.
Sobre los pies circula además una explicación neurológica. El neurocientífico V. S. Ramachandran propuso que la cercanía, en el mapa del cerebro, entre las zonas que reciben las sensaciones de los pies y de los genitales podría favorecer ese fetiche. Es una hipótesis: su autor no aportó pruebas experimentales y otros investigadores la han cuestionado.
Los fetiches más comunes y cómo explorarlos
Cinco de los más habituales, con una forma sencilla de probar cada uno en casa. Todo con consentimiento y con los límites hablados antes, porque un fetiche compartido es un juego de dos.
Los pies
Es el más frecuente en el estudio de los foros, como has visto arriba. Quien lo disfruta puede excitarse con la forma, el tacto, el olor o la textura de los pies.
- Cómo explorarlo: desde un masaje con aceite hasta el footjob, que es estimular el pene o un dildo con los pies.
- Qué despierta: a quien lo da, sensación de juego y de poder; a quien lo recibe, una excitación visual y táctil muy concreta.
- Un consejo: los aceites de masaje o un lubricante hacen el roce más suave, y si quieres hacerlo bien tienes el masaje erótico paso a paso.
Atar y dejarse atar
El bondage consiste en inmovilizar a tu pareja, en parte o del todo, o en dejar que te inmovilicen. El placer está en ceder el control o en tenerlo. Qué comprar para empezar, y qué cambia entre unas esposas, cinco metros de cuerda y la cinta, está en la guía de esposas, ataduras y cuerdas.
- Cómo explorarlo: empieza por lo suave, con esposas acolchadas, cintas de satén o cuerda de algodón. Lo tienes todo en la colección de BDSM.
- Qué despierta: en la persona atada, vulnerabilidad y entrega; en quien ata, control y expectativa.
- Para subir un poco: alterna un látigo de cuero vegano con una pluma para jugar con el contraste. Cómo dosificar la fuerza lo cuenta la guía de spanking.
Uniformes y juego de roles
Policía, enfermera, profesora, alumno travieso. Los uniformes y los roles funcionan porque simbolizan poder o cuidado, y porque dejan ser otra persona durante un rato, sin juicios.
- Cómo explorarlo: no necesitas un disfraz profesional. Basta con un guiño (una camisa blanca y unas gafas ya evocan a la profe severa) o con un conjunto de lencería que te cambie la postura. Qué es cada prenda y cómo acertar con la talla, en la guía de lencería.
- Un consejo: acompaña el rol con un guion sencillo («hoy eres mi paciente y mando yo») y con una mordaza o un antifaz. Ideas para montarlo, en la guía de juego de roles sexual.
Cuero, látex y arneses
Funcionan a dos niveles a la vez: como estética y como sensación y símbolo de poder. A quien lo lleva puede darle seguridad, y a quien mira, excitación visual.
- Cómo explorarlo: ponte un arnés ajustado sobre la piel. La sensación de firmeza en el cuerpo cambia la postura y la actitud.
- Un consejo: combina un arnés con un dildo para jugar a la penetración invertida. Los tienes en arneses y strap-on y en dildos, cómo acertar con la talla está en cómo elegir un arnés sexual, y el paso a paso, en la guía de pegging.
Con los ojos tapados
Un antifaz lo cambia todo. Sin la vista, los demás sentidos se agudizan y la expectativa sube.
- Cómo explorarlo: ponte un antifaz y deja que tu pareja decida qué hace, ya sean besos, caricias, una pluma o el látigo.
- Qué despierta: en quien lleva el antifaz, sorpresa y más intensidad en cada roce; en quien tiene el control, libertad para dirigir el placer.
Si es tu primera vez con el juego de poder, empieza por la guía de BDSM para principiantes.
Cómo hablarlo con tu pareja (sin miedo)
Callarse un fetiche por vergüenza es lo más fácil, y contarlo puede quitar un peso de encima. Tienes el guion completo en cumplir fantasías sexuales. Lo básico:
- Elige el momento. En mitad del sexo no; mejor en un rato tranquilo y de confianza.
- Habla desde la curiosidad y sin pedir perdón. «Me gustaría probar» funciona mejor que «necesito que hagas esto».
- Deja espacio a su reacción. Puede sorprenderse o necesitar tiempo, y está en su derecho.
- Id por partes. Empezar suave y con todo acordado es lo que permite seguir.
- Si hay juego de poder, acordad una palabra de seguridad que lo pare todo en el acto.
Con qué empezar
Lo básico para probar sin complicarse. Si prefieres verlo todo junto, está en BDSM y en arneses y strap-on:
- Bondage Seductions, de Kheper Games. Un juego pensado para principiantes, con 36 cartas, ataduras para las manos, dados, antifaz y un látigo de goma. Para quien no sabe por dónde empezar con el juego de poder.
- Esposas de muñecas y tobillos de Fetish Submissive. Cuero vegano con interior acolchado y metal sin níquel, para un bondage suave.
- Set de esposas para manos y tobillos. Ajustables con seis orificios, para ceder el control sin necesidad de nudos.
- Set de esposas y ataduras para cama. Cuatro correas de 180 cm que se fijan bajo la cama, más dos esposas de muñeca y dos de tobillo.
- Látigo de cuero vegano. Alterna caricias provocadoras y azotes firmes. Su ficha lo describe para quien ya quiere subir de nivel: el primer día, mejor otra cosa.
- Mordaza transpirable. Bola de PVC transpirable y correas ajustables, para el juego de control.
- Cuerda japonesa de algodón. 100 % algodón, en 5, 10 y 20 metros, para shibari y ataduras estéticas.
- Pinzas para pezones con cadena. Ajustables y sin níquel. Si quieres ir por partes, tienes la guía de estimulación de pezones.
- Arnés H de tiras. Para llevar sobre la piel o con lencería, con estética bondage.
- Pack de arnés con dildo. El arnés ajustable y el dildo ya emparejados, para no tener que acertar con la medida.
- Aceite de masaje y lubricante Oh! Holy Mary. Hace de aceite corporal y de lubricante, con efecto calor suave, y es compatible con látex, preservativos y juguetes de silicona.
Cuándo puede ser un problema
Casi nunca. Pero merece atención si:
- Te genera tanta vergüenza o culpa que no te deja disfrutar.
- Es la única forma en que consigues excitarte y eso te limita.
- Interfiere en tu día a día o en tu relación.
- Implica a alguien que no ha dado su consentimiento. Aquí no hay matiz posible.
En los tres primeros casos, hablar con una sexóloga o con un terapeuta ayuda a vivirlo en paz. Casi nunca se trata de borrarlo. El problema, cuando lo hay, es el sufrimiento, y eso se trabaja.
Cuatro mitos que sobran
- «Si tengo un fetiche es que mi pareja no me atrae.» Un fetiche se suma al deseo. Puedes desear muchísimo a tu pareja y tener además tus propios gustos.
- «Es cosa de pervertidos.» Casi la mitad de los adultos de la encuesta de Quebec declaró interés por el fetichismo.
- «Si lo cuento, pensarán que estoy mal.» Contar lo que te gusta es un gesto de confianza, y con la persona adecuada acerca.
- «Un fetiche hay que quitárselo.» No es una enfermedad, así que no hay nada que curar. Solo se trabaja si genera malestar, y para vivirlo mejor.
Preguntas frecuentes sobre los fetiches sexuales
¿Es normal tener un fetiche?
Sí, y es muy común. En una encuesta a 1.040 adultos de Quebec publicada en 2017, el 44,5 % declaró interés por el fetichismo y el 26,3 % lo había probado. Solo se considera un trastorno si hace sufrir a quien lo tiene o implica a alguien sin su consentimiento.
¿Cuál es el fetiche más común?
Los pies. En el estudio de Scorolli y colaboradores de 2007, que analizó 381 grupos de discusión en internet con al menos 5.000 personas, los pies y los objetos relacionados con ellos fueron el objetivo de preferencia más frecuente.
¿Un fetiche es lo mismo que una parafilia?
En psiquiatría, el fetichismo se clasifica como una parafilia, palabra que solo significa interés sexual atípico. Por sí mismo no es un trastorno: el DSM-5 reserva esa palabra para cuando hay sufrimiento propio o se implica a alguien sin su consentimiento.
¿Cómo le cuento mi fetiche a mi pareja?
En un momento tranquilo y fuera de la cama, desde la curiosidad y sin disculparte. Proponerlo como algo que os apetece probar juntos funciona mejor que plantearlo como una confesión, y deja que tu pareja se tome su tiempo.
¿Cuándo debo preocuparme por un fetiche?
Si te genera una vergüenza o un malestar que no te dejan disfrutar, si es la única forma en que consigues excitarte y te limita, o si interfiere en tu vida o en tu relación. Una sexóloga o un terapeuta te pueden ayudar a vivirlo mejor.
¿Por dónde empiezo si nunca he probado nada?
Por lo más suave: un antifaz, unas esposas acolchadas o un juego para principiantes como el Bondage Seductions, que trae cartas, ataduras para las manos, antifaz y un látigo de goma. Acordad antes los límites y una palabra de seguridad.
¿Qué diferencia hay entre un fetiche y el BDSM?
El BDSM es un conjunto de prácticas de poder y de sensación, como atar o dominar, y muchos fetiches viven dentro de él, como el cuero o las ataduras. Pero se puede tener un fetiche por los pies o por la lencería sin ningún juego de poder.
En Los Placeres de Lola llevamos más de 20 años acompañando a mujeres en su placer, sin tabúes ni juicios. Y si ya sabes por dónde quieres empezar, lo tienes todo en la colección de BDSM.






1 comentario
Me ha gustado el artículo.Solo creía que me pasaba a mí.Tengo Mis fetiches , también.Son bastante comunes.Saludos.